Nota para Revista Flux
Posted by admin on Martes, Septiembre 16th, 2008

En cada una de las imágenes de Fernando José Raña hay miles de mundos posibles y allí reside su labor de artista. Estas fotografías no son sus primeros ni últimos trabajos, sino que fueron elegidas al azar (si es que existe). La imagen que eligió Raña es la última, pero cedió a nuestro pedido y publicamos su génesis para develar su proceso de creación, su “juego alquímico”, como él lo describe.
Son las 16:30 de una tarde primaveral en una plaza de Belgrano R., Raña salió con su cámara una vez más al encuentro de la luz, en esta oportunidad eligió su barrio. Meses después de aquel momento, nació “El monstruo del fútbol”, como tituló la serie. Monstruo o imagen que nos permite escapar de la simplificación a la que nos sometemos y sometemos a los que nos rodean diariamente, para poder movernos sin sobresaltos.
Es difícil entender las motivaciones de este artista para tomar sus fotografías. Pero luego de una extensa charla, se puede rastrear algo común que las determina. El sello de las imágenes de Raña es que éstas son resultado de varias miradas sobre la misma imagen, de sucesivos montajes. Su atractivo es la alteración de lo visible. Comúnmente tratamos de evitar las disonancias para mantener una imagen armónica del mundo. Miramos condicionados por estereotipos que nos determinan qué vamos a ver y de qué manera. Y así reducimos nuestro horizonte. Las imágenes de este artista, en cambio, nos permiten recuperar el asombro, desorientan nuestra percepción y nos dejan conectar con otros elementos.
“(…) Graduaciones, densidades y contrastes. La ampliación infinita de un instante de la vida, frecuentando un pequeño rectángulo, un gran círculo, entre vos y yo”, así reza un texto que escribió Raña, allá por el 2002 (…).
Siguiendo estas huellas, Fernando José Raña se contactó con la fotografía por primera vez a fines de los ´70, junto a una Minolta SRT303, en la ciudad de Junín, entre “hongos y pejerreyes”. Una inquietud que seguramente nació por el interés de su padre hacia este mismo arte. Así empezó a “fotografiar luz”, como él a su trabajo. Con influencias de grandes maestros como Man Ray, Kandinsky o Dalí, sus imágenes se vuelcan a lo abstracto aunque aclara que no rechaza lo figurativo. Por ejemplo, los sonidos del jazz y del blues los retrató haciendo portadas de discos y retratando a personalidades como: Dave Holland, Easy Campbell, Lee Konitz, John McLaughlin, Misha Mengelberg, Chick Corea, BB King, Dino Saluzzi, Jaime Torres, Swing, Leopoldo Federico, Adrián Iaies, Alberto Lisy, Luis Conde Trio, Batato Barea, etc.
A los 51 años, Fernando Raña es un fotógrafo que no está atado al objeto que retrata: Chicos jugando, una pelota, botellas, langostinos, avenidas, el agua o una pileta son excusas para fotografiar la luz que reflejan y devolver imágenes o crear ficciones. Así lleva nuestra mirada hacia imágenes que apuntan a nuestro interior, que nos obligan escapar del sentido común.
A la pregunta sobre por qué tomó las imágenes de esta serie, con un cigarrillo en la mano, Raña mira y se ríe. No le encuentra sentido a la pregunta. Entonces podemos pensar en Barthes y algunas de sus palabras: “(…) el fotógrafo, como un acróbata, debe desafiar las leyes de lo probable e incluso de lo posible; en último término, debe desafiar las leyes de lo interesante: la foto se hace “sorprendente” a partir del momento en que no se sabe porqué ha sido tomada (…)”.
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